La haya local ofrece dureza moderada, fibras uniformes y un perfume leve cuando la gubia avanza. Quien aprende a orientarla por radios y anillos evita grietas, aprovecha su elasticidad para cucharas, y consigue superficies satinadas con simple aceite de linaza aplicado con paciencia.
La haya local ofrece dureza moderada, fibras uniformes y un perfume leve cuando la gubia avanza. Quien aprende a orientarla por radios y anillos evita grietas, aprovecha su elasticidad para cucharas, y consigue superficies satinadas con simple aceite de linaza aplicado con paciencia.
La haya local ofrece dureza moderada, fibras uniformes y un perfume leve cuando la gubia avanza. Quien aprende a orientarla por radios y anillos evita grietas, aprovecha su elasticidad para cucharas, y consigue superficies satinadas con simple aceite de linaza aplicado con paciencia.
La leña carbonizada en hornos cubiertos ofrece brasas limpias y predecibles. Esa estabilidad térmica permite caldear, forjar y revenir sin prisas, logrando filos tenaces que se reafilan bien. Además, la materia prima procede de podas gestionadas, cuidando suelos, sotobosque y vecindad humana.
Los talleres junto al arroyo usaban mazos impulsados por ruedas hidráulicas, marcando un compás que organizaba barrios enteros. Aún hoy, el museo local enseña puntas y clavos antiguos, y inspira a jóvenes a fabricar herrajes finos para muebles de haya, abeto y roble.
Para tallar cucharas o ensambles, la hoja se diseña según maderas nativas: biseles bajos para hayas rectas, filos más robustos para robles testarudos. Empuñaduras de peral o ciruelo equilibran la herramienta, evitando fatiga, y promueven un movimiento fluido que mejora precisión.